Tras el magnífico viaje del
2019 a Lyngen, siete años después volvemos a la tierra prometida.
Índice de cimas:
1. Giilavárri (1.163m)
2. Tafeltinden (1.395m)
3. Sofiatinden (1.222m)
4. Stetinden (920 m)
5. Bjørndalstindan (913 m)
6. Rundtinden (897 m), intento
Ésta vez la llegada no fue tan fluida. Ya no existe el vuelo directo de Alicante a Tromsø con Norwegian y volaremos desde Valencia con una escala en Frankfurt. Justo un día antes de salir, se convoca una huelga de pilotos en Lufthansa y nos cancelan el vuelo. Toca recalcular la ruta con las opciones que nos ofrece la compañía. Alberto sale un día antes y llega el día previsto y el resto aterrizaremos en Tromsø con unas 20 horas de retraso. Hay quien hace la ruta VLC-noche en Zurich-Tromsø con Swiss y otra parte del grupo vamos por VLC-Amsterdam-Bergen-Tromsø con KLM. De los 12 que éramos inicialmente, llegamos 11, Roberto se queda en casa por motivos ajenos a la huelga.
En la foto, el vivac "mortal" de Bergen. 4 horas en posición decúbito supino, mensajes constantes por megafonía y obras en la Terminal. Una maravilla.
Mientras deambulamos por Europa de un aeropuerto a otro, Alberto y Kike son los únicos que han llegado puntuales a la cita con la nieve y, tras pillar un bus del aeropuerto a Lyngseidet, pueden disfrutar de un ascenso solitario al Kavringtinden (1.289 m) y una noche extra de auroras.
Cuando llegamos el resto a Tromsø (con esas 20h de restraso) nos comentan que no tenemos uno de los tres coches de alquiler que habíamos reservado. Al final, tiramos de app moderna y conseguimos alquilar uno a buen precio a un particular.
Han sido casi 3 días completos de auténtico estrés, pero por fin estamos montados en el ferry que nos lleva a Lyngen y con las montañas bien vestidas de blanco.
Respecto al
viaje del 2019, sigue vigente todo lo que comentamos sobre meteo, aludes (
Varsom continúa mejorando cada temporada) y guías en papel. Las posibilidades son infinitas y los paisajes alimentan el alma.
Sí que hemos notado que los alojamientos han subido bastante de precio y la
oferta es muy escasa, hay que reservar con un año de antelación (o
más!). Nosotros pillamos una casa de 8 en Koppangen y otra de 4 en Lyngseidet.
Estuvimos del 13 al 19 de Marzo, con espesores de nieve más que suficientes desde cota 0 y un marcado patrón de S-SW que hacía que las temperaturas fueran altas para la época. Los BPA oscilaron entre el 2 y el 3, con capa débil persistente en todas las orientaciones por encima de 500-700m y placas de viento en todo el cuadrante Norte. Meteo variable pero coincidió que sólo hizo malo alguna noche y alguna mañana a primera hora y nos dejó hacer actividad todos los días disponibles. Iban a ser 6 días completos de esquí y se quedaron en 5 por lo del vuelo cancelado, pero ya lo gozamos.
Pisamos glaciares...
...esquiamos hasta el mar...
...visitamos cabañas...
....contamos chistes en cabañas...
...ascendimos hasta 6 cimas en 5 días (bueno, Kike y Alberto una más)...
...e incluso tuvimos dos noches de auroras boreales.

Las cenas también merecen una mención de honor. Desde la típica hamburguesa del día de llegada, a las tradicionales lentejas de Nasta, pasando por unas fabes con compango facturado en el avión, pasta carbonara o la ya mítica "sopa de Troll" de ingredientes secretos que nos prepara Kike.
En la foto, todo el grupo celebrando el cumpleaños de Rosa.
Y todo fue bien en las montañas y en nuestra estancia por Lyngen, hasta que el último día, a última hora, ya camino del ferry que nos lleva hacia el aeropuerto, salta la sorpresa.
En uno de los tres coches que tenemos alquilados, hemos puesto gasolina en vez de diésel!!!
¡San Dios! Dejamos el coche sin arrancar en la gasolinera, nos vamos a un par de talleres, avisamos al seguro y a la grúa, sacamos petates y esquís y a hacer autoestop para no perder los vuelos de vuelta. Ésta vez no hay huelga de pilotos como en el viaje de ida, pero la liada también es interesante. Rosa entró en uno de nuestros coches, a Vicent y Sandra creo que los llevaron un rato unos suizos y otro rato unos vascos y Nasta se metió en el coche de unos segovianos. Por cierto, un coche que no arrancaba para entrar al ferry y tuvieron que salir a empujarlo bajo una lluvia intensa.
Finalmente, todos llegamos a tiempo al vuelo y pese a las desafortunadas palabras del Comandante con acento alemán ("si miran por la ventanillas verán fuego"), sobre las 12 de la noche estamos aterrizando en una ciudad en llamas. No se asusten, que no ardía el avión, sólo eran las Fallas de Valencia en su momento álgido.
Como siempre que venimos al ártico, los días pasaron demasiado rápido y nos vamos con la convicción de que quedan muchas montañas por esquiar en éstas latitudes. ¡Volveremos!
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