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Monviso (3.841 m): canalone Coolidge (1.100 m, D+)

“Salita in ambiente più severi e suggestivi,lunga ed impegnativa.”



El Monviso es uno de los picos más prominentes de los Alpes y el indiscutible “bicho” del Piemonte. Algo así como dos Midi’s d’Ossau puestos uno encima del otro (o esa es la idea mental que yo tenía) con multitud de posibilidades tanto en invierno como en verano: Tour del Viso, ya sea con esquís o como trekking veraniego, la larguísima arista Este, una ruta normal no exenta de dificultad, alguna que otra vía de escalada, encadenamiento de aristas…

En el verano del 2011 ya quisimos subir a su cumbre, pero nos faltaron días y nos sobraron planes. Ese mismo otoño, navegando por las anchas aguas de internet, encontré un vídeo del couloir Coolidge al Viso ¡Qué buena pinta! Por cierto, que la esquiadora del vídeo, hace poco se esquió la cara Este del Cervino (¡!).

Y ahí quedó la cosa, pasó un lustro hasta que nos enteramos de que Ryanair había sacado un vuelo directo a Turín desde Valencia, y por 75€ (ida y vuelta con petate!) nos plantábamos en el pie del Piemonte. La maquinaria empezó a funcionar.

Durante el mes de Mayo, tocaba preparar la logística, entrenar un poquito por el Pirineo y rezar para que la meteo cuadrara con nuestros billetes de avión de fin de semana.

Tiene su punto buscar información por internet y que no haya piadas en castellano, como cuando fuimos a la Innominata. Entre el italiano y el francés, te quedas algo mosqueado, sin saber si el Canalone Coolidge al Monviso es un “paseo” que la gente baja esquiando o una pedazo actividad con cinco resaltes en mixto y dificultad D+.

Haciendo zoom en las fotos de las últimas piadas, resulta que la gente no lleva ni arnés. El mismo jueves, mientras preparamos los petates, llegan los señores de la Troika y empiezan los recortes: 3 friends por cordada, 1 tornillo, 2 clavos y cuerda de 30 metros. El peso “ahorrado” lo compensamos cogiendo un par de tiendas (3 y 2 plazas) y las esterillas, que las latas (“Bivaccos”) son de 6 plazas y somos 5 maromos llegando a última hora del viernes.

Ya está bien de introducción. Vamos al lío.

Viernes 27 Mayo 2016

Aterrizamos con puntualidad turinesa a las 12:25. Nasta y yo nos vamos a por los coches de alquiler, mientras el resto recoge los petates. Llegamos al mostrador justo por delante de un numeroso grupo de “colchoneros” con la camiseta de la “empresa”. Resulta que mañana hay una gran feria de “vendedores de colchones” y “vendedores de leche merengada” en el estadio de fútbol de Milán. Media Europa los verá por la tele, los ganadores se llevarán un jarrón plateado vacío y los perdedores se irán muy tristes a España a seguir vendiendo colchones. Ahora el jefe (Product Manager) es argentino y no les va mal del todo.

Nuestro segundo objetivo de “alpinismo urbano” es conseguir gas para el Jetboil.

Parece fácil, pero el año pasado en Bérgamo ya me recorrí tropecientas tiendas (Decathlon incluido), hasta acabar en un Cisalfa del extrarradio. Hoy, llevamos las coordenadas del Cisalfa de Turín en el GPS ¡Qué profesionales! En el Cisalfa de Turín no hay gas ¡Qué putada!

Alejandro chapurrea un poco de italiano, de cuando estuvo aquí de Erasmus, y “recluta” a un aborigen que nos indica cómo ir al Decathlon. Y aquí triunfamos.

Con la tontería, son casi las 16:00 y tenemos una hora de coche hasta el Pian della Regina (1.800 m), punto de inicio de la ascensión al Monviso.

A las 17:39 estamos listos y disfrazados para comenzar la aproximación.



Desde el aparcamiento, descendemos unos metros hasta el río Po (uno de los grandes ríos de Italia) y lo cruzamos para remontar esa pista forestal que en invierno se convierte en una pequeña estación de esquí.



La niebla tapa por completo la montaña y hace que pillemos una buena sudada mientras vamos ganando metros, pensando que el lago Chiaretto estará detrás de la siguiente subida.

Pero el jodido se hace de rogar y cuando lo encontramos, el agua está tan estancada que no nos vale para beber.



Efectos de la deshidratación ¿Vemos doble?



En el arroyo que alimenta al lago cogemos el agua más opaca que jamás haya bebido. Leche glaciar la llaman en Patagonia…



A partir de aquí, la nieve es continua. Colocamos polainas y nos toca abrir huella por una nieve demasiado transformada.



Engullidos en la niebla, vamos fijándonos en el GPS y en la muralla del Monviso para localizar el inicio del corredor Coolidge. Y en eso que el “bisho” despeja y nos enseña sus intimidades.



Viendo que no hay huella reciente en el corredor, haremos un Depósito Secreto de Material Secreto (DSMS) y dejaremos bajo una roca las esterillas y las dos tiendas.

Ya en el cono de entrada al corredor, sorteando los restos de un enorme alud que cayó la semana pasada y se llevó la vida de un chaval de 20 años.



Mientras recordamos la noticia noticiosa, un gran desprendimiento de rocas, barre el corredor que hay a nuestra izquierda, como diciendo: “Bienvenidos a los Alpes, señores. Hasta que no vuelvan al coche, sus huevos tendrán el tamaño de una lenteja”.



Y ahí tenemos nuestra “lata con vistas” (Bivacco Falchi Villata, 2.680 m), en una pequeña arista rocosa que queda a la izquierda (sentido subida) del corredor.



Como la nieve estaba muy blanda, hemos llegado hasta aquí sin crampones. En la travesía final hasta el refugio, hay que ir con ojo.



Portada del próximo libro “Las mejores latas de los Alpes”. Son las 21:10.



¿No os he comentado lo del bigote a lo Bridwell? Recomendable para escalar en Yosemite o subir la moral.



El espacio es minúsculo para todo lo que pase de 2 personas. Ya lo avisaban en camptocamp. Entre fundir nieve para cenar, para beber y para rellenar las botellas para mañana, se nos hacen casi las 12 de la noche. Yo dormiré debajo de Nasta (sí, aún hay otro nivel inferior de literas).



Esas 4 plazas de la foto son “aceptables”, las dos restantes son colchones empapados apoyados directamente en el suelo. Con algunas mantas secas y la manta de aluminio conseguimos habilitar una zona más o menos “habitable”.

Una vez instalado en el nicho nº5, el frontal me toca en el somier de arriba y es imposible dormir de lado porque la cadera tampoco cabe. Para resumir mejor la noche, quitaremos palabras: es imposible dormir. Y punto.



Sábado 28 Mayo 2016

Después de 3 horas en posición decúbito supino sobre un colchón rojiblanco, por fin suena el despertador, termina la tortura claustrofóbica y empieza el proceso de levantarse y vestirse. Pero por orden, que no podemos hacerlo todos a la vez.

A eso de las 4:30 ya estamos desayunados, disfrazados de romanos y saliendo por la puerta de la lata. Algunos más despiertos que otros.



Noche estrellada, nada de viento y nieve en buenas condiciones para progresar. Costra en algún tramo y dura en la rigola central. Pendiente mantenida entre 40 y 50º.



Vamos dando relevos en la cabeza del grupo y disfrutando de un bello amanecer alpino.



Primeros resaltes con algo más de pendiente (60º?). De momento, se pasa bien sin cuerda.



Algo de hielo al salir de este primer resalte. Los nuevos E-climb de Robert sueltan sus primeras chispas.



Las horas van pasando y los metros de desnivel también.





Éramos felices y comíamos mazapanes.



Otro resalte con algo más de hielo. En la foto no se aprecia, pero ya chorreaba bastante agua por debajo.



Hasta que llegamos al último resalte de la primera parte. Un pequeño muro desplomado nos separa del glaciar colgado Coolidge, justo al final de lo que llaman el canalone Coolidge Inferior. Desde la reunión que hemos montado parece que se sale de aquí en “dos patadas”, pero resulta que la roca desploma, la nieve de debajo está totalmente transformada y las presas de manos son todas malas y laterales.



Mientras “gancheo” de unos bloques que no dan buena espina, una rampa en el cuadríceps izquierdo me susurra al oído: “Chato, ves quitando los seguros y bajaté de ahí pero ya. Que te vas a petar y los bloques van a petar contigo”.

Nasta ha aprovechado para ir buscando una alternativa a mi “espatarre infructuoso”, por las campas expuestas que quedan a mano derecha. Hay salida!



Pero la cosa está expuesta, como para pedir cuerda y algún seguro intermedio en la roca rota.

Con la tontería, hemos perdido una hora. Ya estamos en el glaciar colgado y tenemos por delante la segunda parte del canalone: el Coolidge Superior.



Me he quedado el último del grupo, charlando con mi cuádriceps y pensando que como queden más resaltes de mixto, le pasaré el marrón a otro (“pass the brownie to another one”).

Primer estrechamiento del Coolidge Superior. Menos mal que hay hueco por la izquierda, lo otro parecía una chimenea infumable.



Tramito de nieve casi vertical (70º o más!).



Y pensar que hay gente que baja por aquí esquiando…



Conforme pasan las horas, la nieve se va “pochando” y el esfuerzo de abrir huella va aumentando.



Nasta admirando las vistas.



El altímetro parece que vaya con retraso, tampoco vamos tan mal de ritmo ¿o sí?



Al menos, vamos pasando por los sitios míticos que marcan los croquis. A ésta zona la llaman la “Corda Molla”.



La línea del corredor se acerca a la arista de la izquierda y por momentos parece que estemos en cualquier montañaca del Himalaya. Qué vistas! Qué ambiente!





Durante unos minutos hemos visto lo que parecía la cima. Una pirámide de roca que queda a unos 250 o 300 metros de desnivel (todavía?) y que atacaremos por su derecha. Pero nos ha vuelto a engullir la niebla y el grupo se ha vuelto a disgregar. Cada uno a su ritmo, luchando con sus demonios, sus sueños y su sueño (el de no dormir) y yo acordándome de aquellas interminables rampas de la parte superior de la Innominata donde también entró la niebla, se nos cayó un linkcam y me pegué un chute de gel-champú con cafeína para no quedarme dormido.

En la cabeza suena el “run run” de los croquis: “lunga ed impegnativa”



A ratos, despeja la niebla y nos saca del letargo y la monotonía. Y viendo el entorno que nos rodea, no sé qué es peor. Poco a poco vamos acercándonos al final del corredor, cada vez está la roca más cerca y aquellos largos de mixto que comentaban los croquis.



Y llegamos a ellos. José Luis va unos metros por delante de mí. A la izquierda un corredor diagonal con algo de mixto y con pinta de ir a ninguna parte. En nuestra vertical, un corredor con final en roca desplomada, más duro que el que me desbarajustó el cuádriceps. Algo a la derecha, un corredor (casi cueva) con un gran bloque empotrado. Y totalmente a la derecha, una travesía sobre roca rota y final incierto. José Luis, avanza unos metros por la travesía, pero va a pelo y decidimos que mejor sacamos cuerdas.



Le doy un relevo y llego a una zona sin salida aparente. Meto un clavo hasta la mitad y saco nuestros flamantes croquis mojados y escritos en italiano. La situación es algo delicada, aquí engullidos en la niebla y subidos a la chepa de un buen “bicho” sin saber por dónde salir. El clavo ha quedado tan mal, que no me atrevo ni a chaparlo. Con un acento entre cantante de ópera, Eros Ramazzotti y Rafaela Carrá, leo en voz alta los croquis:

“Da qui 2 possibilità: a)seguire la cresta NNO fino in vetta(passi di III);
b)salire il canale di sx(50°)e un incassato colatoio(30 mt,60°)poi,per il pendio terminale alla vetta(h6-8 dal Villata)”


Coño, pues lo de “incassato colatoio” será el corredor con el bloque empotrado (digo yo), así que si seguimos por la aérea y acongojante cresta que había descartado (por aérea y acojonante) puede que lleguemos a la cima.

Coño, pues lo de “incassato colatoio” será el corredor con el bloque empotrado (digo yo), así que si seguimos por la aérea y acongojante cresta que había descartado (por aérea y acojonante) puede que lleguemos a la cima.

En efecto, tras unos metros de travesía, remontamos un mini corredor hasta una aérea brecha donde sopla el viento de lo lindo. Dos clavos unidos con cordino en las rocas de la derecha nos dan la vidilla necesaria para montar reunión y confiar en que vamos por el buen camino.

Refuerzo la reunión con un cintajo de 240cm en un bloque y aseguro a los compañeros sentado a horcajadas (no confundir con “carcajadas”) sobre una finísima (como la masa Buitoni) arista de nieve.

Nasta y José Luis en esa misma reunión.



Yo ya he salido en ensamble con Robert, siguiendo alguna huella vieja y la intuición.



José Luis me viene pisando los talones.



Hace frío, viento y tenemos ganas de llegar a la cumbre.



Hemos vuelto a perder otra hora sobre el horario previsto, pero ya estamos en la cruz de la cima! Son las 12:30. Nos reímos de los horarios de camptocamp. Ja ja ja.



Una pena no tener vistas. Tanta propaganda con la prominencia del pico, para luego no ver nada…



Jim Bridwell Jr. se come su tercer mazapán del día.



Hay quien comenta de quitarse el arnés y guardar los cacharros, que total “sólo” queda bajar por la ruta normal de la cara sur. Error! Cuidadito que vienen curvas. Vamos a enchufar el GPS y a achinar bien los ojos para buscar las marcas amarillas.

Casi desde la misma cima, ya tenemos que ir de cara a la pared y destrepando sobre nieve blandengue (no confundir con el hombre blandengue) con los dos piolets.

Robert posando junto a la "Testa dell'Aquila".



Para alcanzar la base de la aguja de roca, tenemos que cruzar un corredor de nieve TB+ (Tremendamente Blandengue Superior), de esos que vas con los brazos metidos hasta el codo y los pies sin tocar fondo. Como somos muy de gestionar el riesgo, decidimos sacar cuerda y montar un pasamanos aprovechando unos bloques autóctonos.



El pasamanos queda muy mono, la nieve no se ha ido a la mierda (pero casi) y ha venido muy bien para un último tramo casi vertical.

Descendemos unos 50 metros más (tirando de GPS) y siguiente marrón. José Luis se para en una arista de roca bien afiladita, a su derecha un corredor TB+, que no sabemos a dónde va y a su izquierda un bloque con marca amarilla que va a parar a unas placas de roca con mala pinta.



Carraspeo la voz, saco mis croquis italianos excesivamente mojados y en proceso de desintegración y me dispongo a leer en perfecto italiano: "i Fornelli"
; si tratta di un passaggio obbligato di II+ impegnativo.


Otra vez con lo de “impegnativo”…pues quizás sea por el bloque con la marca amarilla y destrepando esas placas con mala pinta…

Tras mucho (demasiado) debatir, monto un rápel de fortuna del bloque y me asomo a las placas. Mala pinta, mucho líquen y pocas huellas de paso. Por aquí no es. Ya que estoy, rapelo unos metros más y descubro una larga y horizontal repisa que me lleva a una brecha en la parte inferior de la arista donde ha parado José Luis. Y descubro más marcas amarillas. Bien! Seguimos por la arista entonces! Otra hora perdida…

Se trata ahora de destrepar esa afilada arista, con buenas presas, pero con pasos aéreos que quizás sean de II+. El GPS va bien, pero no te da el detalle de saber si tienes que ir 5 metros a la izquierda o 5 a la derecha de lo que marca el track…

Nuestro siguiente punto de paso es el “Duomo di Milano” y ya no sé si es una aguja que nos quedó a la derecha u otra cosa. Poco a poco le vamos cogiendo el truco a las marcas amarillas, que también indican dirección y van buscando los espolones de roca por donde va la ruta normal en verano.



Nosotros vamos combinando los destrepes de roca con tramos de nieve TB+ e incluso EB- (Extremadamente Blandengue Inferior), pero ya hemos visto que más o menos aguanta y ni montamos pasamanos ni gestionamos riesgos ajenos.

“Lunga ed impegnativa”

Paso a paso.

“Lunga ed impegnativa”



Incluso tenemos que agradecer que haya niebla y no pegue aquí el sol de finales de mayo, porque se caería media montaña para abajo.

Hace más de 12 horas que nadamos en nieve y llevamos las manos y los pies empapados. Ni botas Scarpa con polaina integrada, ni guantes con Gore-tex, ni pepinillos en vinagre. No hacemos ni 100 metros de desnivel por hora y no se puede bajar la guardia ni un segundo. Alejandro se ha llevado un pequeño gran susto (voltereta con tirabuzón en un destrepe) y tenemos muchísimas ganas de llegar al Bivacco Andreotti. La idea era dormir hoy en el Quintino Sella, pero ya vemos que el horario se nos va de las manos.

Sobre las 19:15 vemos el tejado de la lata de hoy.



Casi 7 horas para bajar menos de 700 metros de desnivel, 15 horas desde que salimos del Falchi Villata. La bajada más cansina y tensa de nuestras vidas.

Nasta posando junto al chiringuito y mirando a dos franceses que llegarán 10 minutos después de nosotros y se quedarán sin sitio en las literas.



Empieza la rutina de fundir nieve. Comparado con el vivac de anoche, el vivac Andreotti (3.225 m) es un lujo. 6 plazas pero todas con “espacio vital” y colchones secos.





Domingo 29 Mayo 2016

Tal y como anunciaban, la meteo de hoy es mala. Nevadas intensas en cotas altas y fuerte viento. La pareja de franceses van hacia el Viso, no les hemos contado nuestro descenso épico y les animamos con que, al menos, tendrán algo de huella.



Nosotros, para abajo, con nuestros guantes empapados desde ayer, y nuestras botas empapadas desde ayer.



Resulta que los franceses no tienen el coche donde nosotros, y sus huellas no nos valen. Toca volver a sacar el GPS para orientarnos.



Los Beatles en su gira por el Monviso.



A ese tétrico collado de la izquierda tenemos que ir, para salir al valle del refugio Quintino Sella y cerrar el círculo que abrimos el viernes por la tarde.



Los días de ventisca me gustan. Sirven para probar el material (ropa, membranas, GPS…) y dejan la montaña bonita y solitaria.

Además, estamos contentos por haber dejado el Monviso atrás, con el descenso delicado y expuesto de ayer.



Nos las creíamos muy felices en el Passo delle Sagnette, hasta que empezamos a ver cadenas y una especie de ferrata en el descenso.



Me cagüen la leche, Merche.



Que ésto aún no se ha acabado.



Hasta el toro todo es rabo.



Y vamos a tener que concentrarnos para descender con calma por una ferrata recién nevada.

Al menos hoy no tenemos que buscar marcas amarillas, y sólo hay que seguir una cadena interminable. Tan interminable, que empezamos a mirar con buenos ojos el enorme corredor de nieve que se descuelga a nuestra derecha.



Por una pequeña vira diagonal conseguimos escaparnos de las cadenas.



Una corta pero delicada travesía sobre roca…



…nos deja en el gran corredor que nos lleva al fondo del valle.



Ahora sí que parece todo pan masticado y sólo unas suaves rampas nos separan del enorme refugio Quintino Sella (2.640 m), junto al Lago Grande del Viso.



Casi 3 horas desde que salimos del bivacco Andreotti. Como para haber venido ayer aquí. Ja ja ja.



La parte de invierno del Quintino Sella es una orgía de literas, colchones y espacio espacioso. Incluso tiene mesa! Llevábamos días sin ver una. La fuente que marcan los mapas no tiene agua y nos dedicamos a gastar el gas que nos queda, hidratarnos y pegarnos el último almuerzo alpino mientras fuera llueve con intensidad.



Desde el refugio seguiremos en dirección NW, hasta alcanzar el Colle di Viso (collado del Viso) y continuar por un pequeño valle entre el Monviso y el Viso Mozzo.



El día sigue muy nublado y no podemos disfrutar de las imponentes murallas de la cara Este.



Nos vamos acercando al Depósito Secreto de Material Secreto (DSMS), pero guardando las distancias con el gran cono de deyección que soltó lastre el primer día. El Viso se cae a trozos, señores.



Durante unos segundos la lata de Coca-cola (Bivacco Falchi Villata) nos muestra su privilegiado emplazamiento.



Ya con las mochilas cargadas hasta los topes…



…nos marcamos un “recto” hacia el Lago Chiaretto.



El Monviso nos ha dejado subir y bajar de su cumbre, pero no quiere que le hagamos fotos desde lejos.



Aquí, ya estamos cerca del coche. En la foto, la surgencia del Po y la zona de Pian del Re, otro aparcamiento algo más alto que donde tenemos el coche. Se ve que la carretera es de pago y sólo la abren en verano.



Nasta regresando a la civilización. Pian della Regina, flores, casas, hierba verde. En tres días sólo hemos visto a dos personas.



La dureza de la actividad, reflejada en algunos pies.



Nos espera una habitación de hotel en Turín, con unas dimensiones desproporcionadas si las comparamos con las “latas” de las dos últimas noches.

Lunes 30 Mayo 2016

A las 7 de la mañana, hemos cazado al Viso desde Turín, antes de que se metieran las nubes de todos los días.



Algunos de los que venden “colchones” y “merengue” ya se han ido. Sin embargo, las carreteras de Italia (y sobre todo las del Piemonte) están decoradas con llamativas cintas rosas. Nibali ganó ayer un Giro de Italia que el viernes pasó por el colle dell’Agnello (justo al sur del Monviso) y el domingo terminó en Turín. Más o menos como nosotros. Hemos compartido hotel con el equipo Giant Alpecin y todos hacemos mala cara y tenemos un moreno un tanto extraño.

Alejandro Valverde vuela en el mismo avión que nosotros. Él ha quedado tercero en el Giro y nosotros muy contentos con el Monviso (vaya par de “bishos”!).



Actividad recomendable para el que guste de las “grandes courses”, lungas e impegnativas y de acabar con los pies como un estropajo arrugado después de dormir en latas de sardinas. Por cierto, que “impegnativa” quiere decir desafiante.

Mapa de la zona (donde pone “Capelleta” está el refugio Quintino Sella). Fuera de la temporada de verano se aparca en P2. En lo más duro del invierno, igual ni se llega en coche ahí…



Y una foto “impegnativa” sacada de internet.



La dificultad puede variar entre el AD y el D+, según condiciones de los resaltes.

Tope clásica!